Cuando hablamos de violencia, lo primero que se nos puede venir a la mente es la acción física de agresión de una persona a otra. Pero estas agresiones pueden ser no solo físicas, si no que el hecho de agresión tiene como base la degradación de la salud física y mental, de la persona victimaria. Pero actualmente no solo podemos encerrar la violencia como la reacción fisiológica de ira o protección de la integridad. La situación histórica en la que nos encontramos ha sacado a la luz, gracias a las nuevas fuentes de información, las diferentes formas en las que el ser humano puede agredir a otro. Una de estas es la violencia de género, principalmente la que se da de un hombre a una mujer por la simple diferencia en las características de cada orden social.
Es importante mencionar que a pesar de ser un problema social, que cada día se vuelve más importante dentro de la salud pública de un país, los casos donde las mujeres no denuncian a sus agresores siguen ocurriendo. Y, ¿porqué pasa eso?. Por qué, si existe difusión, por qué si existen medios, por qué si se han creado y modificado leyes para la protección de las mujeres. Esto viene desde el tejido social, no solo es un problema de aplicación de la ley y sus consecuencias si no que poco se ha trabajado en la prevención y promoción de la erradicación de la violencia familiar. Hace falta un verdadero interés nacional para crear nuevas formas de cultura, acabar con las practicas dañinas y enseñar a las nuevas generaciones verdaderos valores de respeto, amor y tolerancia.
Directrices generales para la intervención con mujeres víctimas de violencia doméstica:
a) Necesidad de poner fin a la situación de trauma y garantizar la seguridad de la víctima.
Evitar la revictimización.
b) Normalizar la experiencia de la víctima: hacerle ver que sus síntomas no son anormales dadas la condiciones a las que se ha visto sometida. Modificar las creencias erróneas respecto a la violencia y sus posibilidades de acción.
c) Dirigir la intervención en primer lugar a la sintomatología postraumática. Posteriormente atender a otros posibles problemas como depresión, ansiedad, problemas de autoestima, sentimientos de culpa, problemas de adaptación personal y social.
d) Utilizar programas de intervención que incluyan técnicas dirigidas a superar los distintos problemas y síntomas presentes. Entre las técnicas que se han mostrado más eficaces destacan: psicoeducación, reestructuración cognitiva, solución de problemas, entrenamiento en control de la activación, exposición y entrenamiento en asertividad.
f) Dada la necesidad de reorganizar su vida que suelen tener estas víctimas, los tratamientos han de ser breves (alrededor de 10 sesiones, con periodicidad de una o dos sesiones semanales), específicos para cada problema, articulados y flexibles para que pueda adaptarse a cada persona y situación y, preferiblemente, en formato grupal.
g) Aunque el objetivo inmediato es el alivio del sufrimiento y la mejora de condiciones de vida de las víctimas, el objetivo final ha de ser lograr una nueva adaptación de éstas a sus condiciones de vida habituales, y una buena calidad de vida para ellas y su familia.
Estas son algunas de las directrices que deben de seguir para una atención integral de las personas victimas de violencia, pero qué pasos o acciones debe de seguir la persona para buscar atención y ayuda.
El primer paso de la evaluación psicológica es el acordar con la victima un consentimiento informado. Es importante que la mujer comprenda por qué es importante la evaluación, qué tipo de información se va a recoger y la medida en que otras personas tienen o pueden tener acceso a dicha información.
A la hora de evaluar y planificar la intervención psicológica parece especialmente adecuado el modelo de respuesta ante el maltrato propuesto por Dutton (1992), quien plantea la necesidad de analizar los siguientes componentes: 1) el tipo y patrón de violencia, abuso y control; 2) los efectos psicológicos del abuso; 3) las estrategias de las mujeres maltratadas para escapar, evitar y/o sobrevivir al abuso; 4) los factores que median tanto las respuestas al abuso como las estrategias para sobrevivir a éste. Todo ello analizado dentro del contexto social, cultural, político y económico.
Analizar el tipo y patrón de abusos del agresor. Es importante tener en cuenta que algunas conductas no violentas pueden tener las mismas propiedades que las violentas en cuanto al control de la víctima se refiere, en la medida en que anteriormente se han asociado con violencia.
Evaluar los efectos psicológicos de la violencia, para ello se deben de tener en cuenta los siguientes aspectos: 1) los cambios cognitivos, ya sea de los esquemas cognitivos, las expectativas, las atribuciones, percepciones o la autoestima de la mujer maltratada; 2) los indicadores de malestar o disfunción psicológica y 3) los problemas de relación con otras personas distintas al agresor.
Si la paciente tiene hijos, se deberán incluir en el paso anterior como parte fundamental del desarrollo interpersonal de la victima.
Establecer un plan de trabajo multidisciplinario entre psicólogos, psiquiatras, médicos, abogados y trabajadores sociales para su tratamiento. Es importante que este plan de trabajo incluya una red de apoyo del paciente para que su desarrollo en el tratamiento sea el optimo.
Retomar los pasos 3 y 4 para su aplicación. Dentro del tratamiento psicológico a la victima también se tienen que agregar nuevas herramientas para que estas situaciones no se vuelvan a repetir. Esto no solo incluye a la victima si no también a personas cercanas a ellas. El punto de estos trabajos es que llegue a la mayor cantidad de personas posibles.
Trabajar el aspecto legal de la persona violentada. Asesoración con abogados expertos en la materia de violencia de genero y doméstica. Darle la información necesaria para su futura denuncia al atacante.
Si la victima no tiene estudios, ni experiencia propia en algun area laboral se le ayudará con apoyos educativos, como lo son la oportunidad de estudiar desde el area de educación básica y media, si fuese encesario, hasta una carrera técnica/licenciatura para su mejor desarrollo social. Mientras tanto será apoyada económicamente por parte del estado en lo que pueda tener una solvencia económica propia.
Por: Diego Sánchez Rivera, Giovana Castro Castañeda
Referencias:
Matud. M. P, Gutiérrez. A. B, padilla. V. (2004). Intervención psicológica con mujeres maltratadas por su pareja. Universidad de La Laguna. Papeles del psicólogo. Vol 25(88)
Labrador, Francisco J; Paz, Paulina; Estupiñá, Francisco; Edurne, Alonso & Saba Lignon (2020) Violencia doméstica e intervención psicológica. http://www.psicodoc.org/edoc/106859.pdf
Browne, A. y Williams, K. R. (1993). Genero, intimidad y violencia leta. Gender & Society. Trends from 1976-1987. Volumen 7, Pág: 78-98.
Fischbach, R. L. y Herbert, B. (1997). Violencia domestica y salud mental: Correlaciones y acertijos entre culturas. Social Science and Medicine, Volumen 45, 1161-176.
Koss, M. P., Koss, P. G. y Woodruff, W. J. (1991). Efectos perjudiciales de la victiminización criminal a la salud de la mujer y su uso medico. Archives of Internal Medicine, Volumen 151, 342-347.
Pérez del Campo, A. M. (1995). Una cuestión incomprendida. El maltrato a la mujer. Madrid. Horas y Horas.
Dutton, M. A. (1992). Empoderación y curación de las mujeres violentadas. Nueva York: Springer.


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